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¿Qué es la Iglesia Ortodoxa?

Foto del escritor: Lucas Iconos
Lucas Iconos
20 jun
5 min de lectura

Para los cristianos occidentales, protestantes o católicos es casi desconocida la existencia de la Iglesia Ortodoxa, aunque históricamente es la continuidad de las iglesias locales fundadas por los apóstoles en el Nuevo Testamento, por ejemplo, la misma Iglesia en Tesalonica Fundada por San Pablo sigue existiendo hoy en día, sin cambio, sin alteración ni interrupción.


Si se pretendiera visitar los sitios mencionados en las Sagradas Escrituras como el Monte Sinaí, nos encontraríamos con el Sagrado Monasterio Ortodoxo de la Zarza Ardiente; si vamos a la Isla de Patmos donde el Santo Apóstol Juan escribió el Apocalipsis, nos encontraremos con un monasterio amurallado dedicado al Santo Apóstol Juan; si visitamos Nazaret, donde vivió el Señor Jesuscristo nos encontraremos con la iglesia de la Ortodoxa de la Anunciación, no es que la Iglesia haya llegado en algún momento diferente, sino que desde la fundación de la Iglesia por los apóstoles la ha permanecido allí, es la continuación orgánica e ininterrumpida de la Iglesia Cristiana primitiva.


Sagrado Monasterio de la Zarza Ardiente en el Monte Sinaí
Sagrado Monasterio de la Zarza Ardiente en el Monte Sinaí

Por lo anterior es impropio tratar de entender a la Iglesia Ortodoxa a partir de las diferencias con las comunidades religiosas occidentales, la Iglesia Ortodoxa se entiende por sí sola, exenta de comparaciones y búsqueda de similitudes, pues la Iglesia está inmersa en el contexto geográfico donde estuvieron Cristo y los apóstoles, mientras que las comunidades religiosas occidentales, principalmente las protestantes, tienen sus raíces históricas en otro contexto, por lo tanto no se pueden tomar como referencia.


La Iglesia Ortodoxa no es una religión exótica oriental, tampoco es una rama de la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa se entiende a sí misma como la Iglesia fundada por Cristo, por los apóstoles y por los primeros cristianos. La palabra ortodoxa proviene del griego orthos (recto) y doxa (gloria u opinión), y puede traducirse como «recta gloria» o «recta fe».


El objetivo fundamental de la iglesia es que se realice en el ser humano la plena unión con Dios, es decir que en Cristo, el hombre participe realmente de la vida divina. No se trata simplemente de transmitir conocimientos, preservar cuestiones muy antiguas, o realizar obras sociales, aunque todo esto forma parte de la vida de la iglesia el objetivo fundamental es vivir plenamente el misterio de Cristo.


La Iglesia Ortodoxa vive el misterio del Dios que se hace hombre, Cristo, siendo Dios y creador del mundo ha decidido nacer de una madre humana, de la Santísima Virgen María, y participar de todo lo que implica la naturaleza humana, excepto en el pecado, de esta forma la humanización de Dios trae como consecuencia la deificación del ser humano.


De acuerdo con San Atanasio la esencia del ser humano es la “nada”, porque Dios para crear no uso nada preexistente, sino que de la “nada” trajo todo a la existencia, por lo cual estamos carentes de esencia verdadera, existimos porque recibimos prestado por Dios el “ser” y todo lo necesario para existir. En el principio Dios dio a nuestros primeros padres, Adán y Eva, no solo la existencia prestada por un corto periodo de tiempo sino que dio la participación completa de la gracia divina, tenían la vida eterna pues participaban de la fuente de la vida. Sin embargo voluntariamente rompieron esta participación de la vida divina, sin ella el hombre deja de tener mediante la gracia lo que Dios es por naturaleza, rechazando el regalo de Dios de la felicidad y la vida eterna, el ser humano regresa a la nada, de donde fue tomado, es decir a la muerte física y espiritual.


Esta es la razón de la encarnación de Dios, restaurar la participación del hombre en la vida divina y llegar aún mas lejos de la primera gracia dada a Adán y Eva. Dios se hace hombre para que el hombre pueda ser dios, esto no entendido como que el hombre se funde en la divinidad para desaparecer, como en las religiones hindúes y budistas, sino que el hombre se hace dios por participación de la vida Divina.


Este misterio del plan salvifico únicamente se puede vivir dentro de la iglesia, no se puede vivir fuera porque no se trata únicamente de una aceptación psicológica de Cristo, sino de una participación real, ontologica, objetiva y mística. Aunque toda la creación participa de la gracia divina por la cual las cosas subsisten. La gracia completa conseguida por la encarnación de Cristo no existe fuera de la iglesia, es el bautismo y la crismación lo que introduce al ser humano en la vida de Cristo, es como dice el evangélio “otro nacimiento”. Nacemos carnalmente en el parto pero solo se nace espiritualmente en Cristo por medio del bautismo. Los sacramentos o misterios nos introducen en la vida de Cristo, así todo lo que hizo Cristo en la tierra no son solo acciones que pasaron hace mucho tiempo y que deben ser memorizadas y aprendidas, aunque también lo son, el cristiano ortodoxo las vive de forma mística en los sacramentos.


De forma todavía más maravillosa el cristiano ortodoxo participa de Cristo resucitado cada que se acerca a la Divina Comunión, no hay nada más grande, sublime y maravillo sobre la tierra que que participar de la Divina Comunión, en ella se participa de la encarnación de Dios no como algo que pasó hace mucho tiempo, porque de forma mística ocurre en la Divina Liturgia, no nuevamente, sino que se participa de la misma y única encarnación superando los límites del tiempo y el espacio. La Iglesia sabe que Cristo está realmente presente en el Pan y en el Vino.


Aquí ocurre de forma objetiva la unión con Dios, aunque en la esfera de los sentimientos y emociones pueda no pasar nada de forma inmediata, en lo más profundo del ser, Cristo nos toma y nos une a sí mismo. Según los padres de la iglesia cuando comemos alimento normal nuestro cuerpo lo transforma en nuestra propia sustancia, en lo mismo que nosotros somos, pero cuando tomamos la Eucaristía, pasa al revés, es Cristo el que nos toma, es Cristo el que nos transforma en lo que es él, lo más grande y sublime absorbe a lo más pequeño e insignificante.


De la misma forma los otros sacramentos o misterios contienen una gracia especial que permiten al cristiano continuar en el seguimiento de Cristo.


De igual forma la oración ocupa un lugar muy importante en la iglesia, se define como un “estar en la presencia de Dios”, no son solo palabras aunque se hace uso de ellas, es atencion, atención puesta en el misterio de Dios, hay una relación muy compleja entre la gracia divina y la oración, pues la gracia depositada por los sacramentos es lo que mueve al cristiano a hacer oración, de igual forma la oración es capaz de multiplicar los frutos de la gracia depositada. Especialmente la oración del corazón: “Señor Jesuscristo, ten piedad de mí”.


En pocas y pobres palabras esto es la iglesia, el hospital donde el alma humana se Cristifica, dejaremos para otro momento hablar sobre cómo es la estructura organizacional de la iglesia.



 
 
 

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